9.3.07

Mayra Barraza: De los pequeños objetos de grandes mundos - Romeo Galdamez

Mayra Barraza, nos entrega en su más reciente producción, esta serie de pequeño y mediano formato, resultado pictórico del ejercicio del reencuentro con los diminutos objetos de colección de su entorno familiar , referentes estéticos de infancia y testigos mudos de viajes y del peregrinaje de sus seres queridos, pasajeros en tránsito  por las diferentes geografías. Objetos seleccionados de los grandes mundos, que ahora retomados y resemantizados por la artista en esta muestra, nos hacen reflexionar en el tiempo e introducirnos a un universo iconográfico que registra las huellas de identidad cultural familiar de la autora, obras que nos remiten a los entornos familiares  de nosotros los espectadores; ésta es  su intencionalidad y logra su propósito.

Romeo Galdámez
San Salvador, febrero 7 de 2007

15.2.07

Lotería de arte

Breve recuento de la historia, estado actual y condicionantes del arte contemporáneo en El Salvador.

El cascabel

¿Existe arte contemporáneo en El Salvador?

Aunque parezca obvia la respuesta, la pregunta sigue siendo válida porque nos lleva al meollo de la cuestión: ¿Qué determina la contemporaneidad del arte? ¿Se encuentra ésta en la obra misma o en el ojo del espectador? ¿Se mide en relación a su entorno inmediato o a un modelo ideal? Pero ello será quizás tema de discusión filosófica en las trincheras de este seminario.

Volviendo a la pregunta inicial mi respuesta es: ¡claro que sí! y no como movimiento de brotes esporádicos, sino de manera constante y sonante a pesar de sus altos y bajos. Inicia - a mi juicio - con la exploración de formas y medios no tradicionales del movimiento de pintura abstracta / matérica en los años 60 aproximadamente, de la mano de una generación de artistas formados como arquitectos, como fuera Benjamín Cañas por ejemplo.

Desde entonces los artistas han incorporado el grabado, pintura, fotografía, video, escultura, intervenciones y performances, tomando libremente de lenguajes tan diferentes como son el cómic, la moda, el graffiti, o la historia del arte, utilizando todos los soportes disponibles: como el paisaje mismo, las paredes, o la pantalla de la computadora, en una amplia diversidad de estilos.

La casa

¿Existe un contexto nacional para ello?

Me parece que sí, que el arte contemporáneo en El Salvador parte de un contexto propio, aunque no creo se pueda decir lo mismo a la inversa. Podemos verlo en los temas que desarrollamos los artistas: violencia, migración, identidad, por ejemplo. Existen propuestas individuales de artistas como Rodolfo Molina, Muriel Hasbún o Luis Lazo, pero también grupales como los Colectivos Adobe o Hetero. Y aunque lo nacional es su eje de articulación, faltan aun iniciativas que vinculen esas propuestas y les den un espacio común en el que se puedan hacer evidentes sus disonancias y coincidencias. Dos ejemplos muy recientes en los que he participado como artista y curadora: la exposición “LIBRo+artE”, en la Feria Centroamericana del Libro en torno al libro y la literatura desde las artes visuales, y “Ruta 06: Intervenciones en el Centro Histórico”.

Aunque no lo abordemos en este momento, si debo mencionar aquí la paradoja de lo “nacional”.
Me refiero específicamente a que una quinta parte de la población salvadoreña aproximadamente, vive afuera de El Salvador. Lo que nos lleva a un contexto mucho más complejo de analizar y para el cual aun todavía se cuenta con pocas herramientas para comprender.

El viejo

No se puede hablar de la historia sin pensar en el futuro. Si partimos de que la memoria depositada en el arte es la clave de una sociedad para hacer frente al futuro veremos que aun nos depara un horizonte incierto.

Desgraciadamente en El Salvador aun no contamos con un registro de nuestro pasado artístico: no existe publicada una historia de las artes visuales salvadoreñas, la pinacoteca nacional se encuentra dispersa entre los pasillos de casa presidencial y algunas oficinas estatales (en los últimos diez años que yo recuerde nunca se ha exhibido completa), la colección permanente del Museo de Arte tiene graves omisiones y únicamente abarca hasta los años 80.

¿Cómo se establecen relaciones intergeneracionales de los artistas contemporáneos? Difícilmente. En las condiciones relatadas anteriormente los diálogos con la historia son casi imposibles, y entre contemporáneos el diálogo es tan veloz y sin registro alguno que a fin de cuentas lo que queda es solo que se tiene enfrente. Así se excluye - y por lo tanto se invisibiliza - el aporte más procesado y maduro, por el más ingenioso y quizás de ligera reflexión, independientemente que éste se haya basado en el anterior en gran medida.

Pero la historia no nos permite olvidar que hace tan solo 30 años en El Salvador sonaban tambores de guerra. Que durante mucho tiempo el nuestro fue país de militares en pugna por el poder, jugando cruelmente a la guerra fría. Todo el país giraba en torno a la máquina de hacer guerra, y las artes visuales no fueron la excepción. Muchos de nuestros artistas murieron o tuvieron que irse al exilio y aquellos que se quedaron se concentraron en la denuncia o la evasión. Aunque fue un tiempo de alta inversión en las artes por el sector financiero, se desarrollaron paralelamente lenguajes de guerra: fotografía, video, arte correo, grabado, pintas, ilustraciones, todo ello aun poco documentado.

El contraste y cambio ha sido marcado y veloz a partir de la firma de paz. Gremiales, ONGs, y artistas han trabajado mucho por abrir espacios nuevamente para la libre expresión y el apoyo a las artes visuales. La Asociación de Artistas Plásticos, la Asociación de Trabajadores por el Arte y la Cultura, la Asociación Salvadoreña de Mujeres en las Artes, la Escuela de Artes de la Universidad de El Salvador, el Museo de la Palabra y la Imagen, el Patronato Pro Patrimonio Cultural y más recientemente la Fundación Paiz, el Museo de Arte de El Salvador, la Fundación Clic, el Centro Cultural de España y esfuerzos como Arte con voz, El ojo de Adrián, y la Red de artes visuales de El Salvador, son solo algunos de los ejemplos de ello.

La señorita

La Sala Nacional de Exposiciones abrió sus puertas hace dos años después de un largo período en “restauración”, con una exposición colectiva de artes visuales titulada: “Generaciones Próximas” de 23 artistas salvadoreños contemporáneos. Aunque su título sugería una proximidad entre las propuestas, al recorrer la muestra se podía observar gran diversidad de formulaciones multidisciplinarias, de investigaciones técnicas y de contenidos.

Desde una perspectiva un tanto inusual, la de su relación con el tiempo, logré agruparlas en tres tendencias y menciono aquí algunos ejemplos de cada. Un grupo lo conformaban trabajos realizados con aplomo y desenvoltura que hablaban de un presente contundente: José Rodríguez, Hernán Reyes y Miguel Martino. Otro grupo, de formulación más poética y sutil, hablaba de un tiempo mágico perenne: José David Herrera y Orlando Cuadra. Un tercer grupo lo conformaban a mi juicio trabajos más experimentales, de tiempos dispares o erráticos, con novedoso uso de la materia y desarrollo conceptual. Arriesgados y por ello no siempre logrados, tenían sin embargo una fuerte carga emotiva que no les dejaba pasar inadvertidos, como por ejemplo el vídeo de Camila Sol, o las fotografías de Ronald Morán.

Existen varios elementos que a mi manera de ver identifican a la creación artística contemporánea y los menciono aquí brevemente a manera de dar un panorama general: la creciente participación de mujeres artistas y jóvenes artistas, la transculturación de lenguajes por vías marginales (a través de las maras) y mainstream (medios de comunicación masiva), un aparente sismo entre pintores tradicionales “nacionales” y artistas de nuevos medios “internacionalistas”, la fuga de talentos y, el “retorno” de artistas de salvadoreños de segunda generación.

Por ello el contexto nacional aparece como un caldero de ingredientes revueltos en donde es imprescindible prestar atención a sus condicionantes.

El caldero

La escuela: educación artística. Este es un tema de por sí complejo pues abarca desde las escuelas públicas y la falta de maestros capacitados, las escuelas privadas de arte y la ausencia de regulación curricular y acreditación, la diferenciación entre estudios vocacionales versus estudios profesionales - hasta ahora inexistente, así como la formación artística superior a nivel de técnico o licenciatura con la falta de acreditación y oportunidades laborales que le aquejan.
El vago: opciones laborales. En un mercado laboral de por sí restringido, con pocos espacios a la creatividad, las opciones laborales para un artista se limitan a la docencia. Muchos de nuestros artistas jóvenes buscan salidas profesionales a sus intereses artísticos y se forman como diseñadores, comunicadores o arquitectos de profesión, lo que indudablemente deja huella en sus propuestas estéticas.

El zapato: organización gremial. Aunque tienen larga historia en el país es recientemente que su trabajo ha cobrado mayor impulso gracias al empeño de sus miembros, al sistema de transferencias de Concultura y al apoyo de la empresa privada. Desde marzo de este año hemos conformado una comisión preparatoria para constituir el Foro de Artes Visuales de El Salvador que será un importante esfuerzo para trabajar como sector en las áreas de mayor urgencia.
La calle: espacios públicos. Aquí aun es notoria la ausencia de un plan de arte público permanente, de una estrategia de fondos para financiarlo, y de convocatorias abiertas incluyentes. Sin embargo comienza a verse una tendencia de los centros de estudios superiores -a través de sus unidades de cultura- y las municipalidades, en abrir espacios de interacción entre su población estudiantil y la sociedad a través de las artes visuales.

El avión: proyección internacional. Esta es casi nula y la que existe es gracias a iniciativas de los mismos artistas, las redes de salvadoreños en el extranjero, incipientes iniciativas en internet, y esfuerzos esporádicos de algunos consulados.

La sirena encantada: políticas estatales. La única política aparente es la ausencia de políticas. Es notoria la falta de visión y voluntad política. Sin embargo, desde la Coordinación de artes visuales de Concultura (Consejo Nacional para la Cultura y el Arte) se alcanzan a detectar algunas líneas de acción concretas: promoción del grabado, asignación de espacios de exhibición para arte joven y descentralización de las exposiciones.

El trono: legitimadores. Académicos, historiadores, críticos, curadores, coleccionistas son contados con los dedos de… bueno, quizás dos manos. El trabajo más importante en este sentido lo realizan a mi modo de ver los medios impresos que desde hace algunos años dedican a diario espacios de reportaje cultural.

El ojo: espectadores. Varios dilemas aquí ante un público aún escaso. ¿Cómo acercar a más gente al arte? ¿Cómo lograr un público más informado y mejor formado?

La moneda: mercado del arte. En orden de mayor a menor responsabilidad social sobre su poder de compra, debiera encontrarse primero la pinacoteca nacional, pero sin presupuesto para adquisiciones queda afuera. Le siguen fundaciones privadas como la Ma. Escalón de Núñez, que gradualmente ha ido conformando una colección propia; y las instituciones financieras (sólo el Banco Cuscatlán tiene más de 500 obras en su colección) aunque con criterios de compra por lo general ambiguos. Los coleccionistas también marcan una pauta interesante aunque escasa. En cuanto a galerías, en El Salvador hace 45 años Galería Forma fue la primera en abrir sus puertas. Actualmente existen cinco galerías de arte importantes: 1-2-3, Espacio, La Pinacoteca, Azul y Blanco, y Saravia. Cada una, consciente o no de ello, apoya una corriente estética determinada.

Hace hambre, y el caldero aun no hierve.


Ponencia presentada en el Seminario “¿Qué Centroamérica? Una región a debate” a invitación del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo de Costa Rica y gracias a la Escuela de Comunicaciones y Diseño Mónica Herrera, Julio 2006.

Blanca Spain: Here and then

I

Barcelona, pacing back and forth in dark and vast Sants Estaciò for the train that should have arrived two hours ago. Managed to get preference seating that got me into a cabin where a small TV in the corner, far from sight, simply refused to work. Doesn’t matter, in my last trip had to watch a black and white version of something that 30 seats away seemed like The Ten Commandments. Half and hour on the rails and appears a short middle aged man dressed in an impeccable 50’s green and black butler suit. He offers drinks and the day’s menu for lunch.

Love a train ride, takes you through the landscape and into towns you would otherwise never have visited. By the seaside, through Valencia, outskirts of the city, gray obelisks spitting out dark smoke, monumental African queens stand waiting for clients, sunset, and finally Murcia at night. Surprise surprise, a friend has come out all the way from Madrid to pick me up. Did not expect to ride in the back of a motorcycle when I packed my Samsonite roller. Somehow manage to hold on to him and my suitcase at the same time. Ride into the old part of the city through Calatrava’s delicate bridge. Quick, out to walk the small winding streets swarming with friendly people. We come to an imposing Baroque façade, the Cathedrals’ it seems, then into the unique nouveau-mudéjar style of the Casino – about to close-, then a gigantic ficcus hovering over terrace cafes. People everywhere strolling in the warm evening, refusing to end the day.

Morning highway ride and still holding onto my suitcase. Plan is to drop it off in Blanca and then go into Valle de Ricote. Out of the fast lane into a small winding road going down down down into the riverside. Is this Blanca? We stop at a small circle (redondel) right before crossing the metal bridge that crosses the Rio Segura. We walk into a bar with air-condition at full, bartender smoking, music booming away, old man at the bar sipping a beer away. “Dos cañas y aceitunas”. Seems we are here. Noon sun is hot and beaming outside. Few people on the streets, and two or three in the shade.

We are given directions on how to get to the lodge where the artists attending the “Landscape Workshop” will be staying. It all starts tomorrow Monday but people will be arriving throughout the day. “Take the road by the river” they said, we do and get lost. We stop a bulky man with a hairy moustache riding a small red bike. “You’ll never find it” he said, “follow me”. Takes off in the opposite direction and defying gravity and my friends powerful BMW he takes off. River down and winding road into nowhere we arrive at the cabins, drop the suitcase and take off again into the mountains.

Pine trees and dry land, as we come back down again we get a glimpse of the beauty of the valley: a river of green lemon and orange trees flows between the scarped mountains. On the verge of running water, colored houses and jasmines, towns like Ojos, Ricote and Archena where we end up spending the night. The hostel owner, a smiling white haired man admires my friends’ bike. He speaks proudly on how he used to work as a mechanic on the motorcycles that accompanied Franco on the road. It seems everywhere in Spain there are small time warps, like a here and then.

Monday arrives and we take off to the Casa de Don Carlos where we will meet for our first day of workshop. A whole week awaits us with a huge interrogation mark.

There will be two groups at work, one guided by Mireya Maso, an artist from Barcelona who works mostly with photography. From a catalogue she brought along one of the pictures I remember: a close-up of the back of a horse against an English blue summer sky, a plane flies by like a small insect on the horse’s back. She’s titled her workshop “Reality adjustments” and defined it as “a real experience of living in the context of Blanca and the specific analysis of this town as a significant organization to study human structure and its projection on landscape”. The other workshop, by Lara Almarcegui, a Spanish artist who lives in Rotterdam, titled “Guided visits through Blanca”.

The group meets, new faces, talk begins. Mireya suggests we focus on a part of town that interests us, and work from there. A box is opened with our catalogues and curriculums so we can get to “know” each other’s work. Then lunch in a restaurant: long table, lots of fresh salad and food. Afterwards, we set off with a mixture of sightseeing desire and lingering curiosity for why we are here and what awaits us in Blanca.


II
Blanca sits by the river. It used to live directly off the river for water, crops, and also reeves for handcrafts. Now people work in construction or go off to work in industries in the outskirts of Murcia city. I became interested in walking the riverside on the edge of town and writing down the sounds at each stop along the way in a small accordion Chinese sketch book I had brought along. Each line of “sounds” registered automatically throughout the book. Several days and one bottle of sun block later, the end result: as the accordion book spreads out a flow of text lines opens a world of sounds. Good I think, but need to turn it into something complete. I was also interested in working photographs at night. Had done a few shots one night out on the road, working with an open lens and playing with the beam of light of a small lamp. So I thought I could tie both things: the sounds of Blanca by the river and the “nocturnals”. I imagined writing some of the “sounds”/words with light on to the surface of the river running which I would then register with my camera. A couple of hours later, after struggling with time lapses and tripod went back to the cabins. Good idea bad realization.

III

2003

12.1.07

El hombre y su máscara - David Alfaro Siqueiros

El verdugo mira mi sangre,
y yo clavo los ojos en el cielo.
“Luz negra”, Alvaro Menen Desleal

I

1946. Se mira al espejo, desliza carboncillo en mano sobre el papel, simula recorrer la tersa piel, los prominentes pómulos, las cuencas de los ojos. Se mira a sí mismo, en sus ojos mira el cielo azul y soleado, al fondo un horizonte. Se acerca y sobrevuela la Rotonda de los Hombres Ilustres, allí una multitud de negro se congrega alrededor de un angosto hueco en la tierra. A un lado un féretro, en él su propio rostro impávido cual fría máscara de sonriente mueca. La visión de su muerte le agita la mano. Dibuja con furia. Cada momento cuenta, cada trazo una batalla ganada contra el tiempo.

David Alfaro Siqueiros nace en el estado norteño de Chihuahua, México, en 1896. El ímpetu por dejar su voz y huella en el mundo esta presente desde temprana edad. Ya en 1911 con apenas 15 años de edad, en la afamada Academia de San Carlos donde estudia, participa en una huelga estudiantil oponiéndose con éxito a los antiguos métodos de enseñanza ahí utilizados.

La renovación permanente, el movimiento y la oposición de fuerzas son constantes en su vida. Se vuelca a ello en todo lo que le apasiona profundamente y a través de lo cual puede ejercer una acción y repercusión directa: el arte y la política.

En su producción pictórica investiga con técnicas y materiales novedosos como el soplete o la piroxilina, con nuevos soportes como el muro, y fusionando sus imágenes con la escultura y los espacios arquitectónicos. Desarrolla teorías sobre el espectador en movimiento, el dinamismo de los planos y espacios, y la incorporación del “accidente controlado” a la obra de arte.

Los elementos que caracterizan sus obras son la escala monumental, el uso de una perspectiva acentuada y la robustez de las figuras, el sentido dramático de la luz y la mezcla de realismo y simbolismo en las que el gesto del pintor es protagonista. Siqueiros es plenamente consciente que sus propuestas estéticas son también políticas.

Es así como junto con Diego Rivera y José Clemente Orozco conforman la llamada Escuela Muralista Mexicana, influenciados directamente por la Revolución de 1910 y los movimientos artísticos europeos, pero también por el interés en exaltar sus raíces precolombinas y el ideario marxista de justicia social. En 1922 pinta su primer mural en el ex Colegio de San Ildefonso.

Marta Traba, historiadora del arte, describe ese movimiento como el “más importante de la plástica continental de comienzo del siglo…que cumpliera un papel social de primera importancia en las nuevas sociedades latinoamericanas”. En El Salvador vemos sus influencias en la obra de Camilo Minero (mostrada simultáneamente en el Museo de Arte) y Violeta Bonilla, y más recientemente en la pintura de Antonio Bonilla.

II

1962. Se mira a sí mismo y en sus ojos mira la muerte. Su presencia se vuelve insoportable. Se sabe su propio verdugo y la sola idea le atormenta. Debe continuar luchando - si es necesario a ciegas - pero para ello debe ocultar la prueba certera de su crimen. Toma con un grueso pincel la pintura que yace ahí a su lado y cubre su cabeza entera con pliegues de un manto. Sus manos dejan huellas ensangrentadas de la pugna de ideas que libra en su interior.

Siqueiros se lanza al campo de batalla.

En 1913 se incorpora a las fuerzas revolucionarias que dirigía Venustiano Carranza para cuatro años después llegar a capitán segundo del Estado Mayor del general Manuel M. Diéguez. En Guadalajara en 1918, organiza un grupo llamado el Congreso de Artistas Soldados y un año después viaja a París con un nombramiento diplomático militar que termina llevándole a Barcelona.

José Vasconcelos, secretario de educación pública y gestor del movimiento muralista, le pide regrese a México en 1922 para unirse a la iniciativa. En 1923 ingresa al Partido Comunista Mexicano y funda un semanario llamado El Machete que fuera posteriormente órgano oficial del Partido. En ese mismo período fundan el Sindicato de Obreros, Técnicos, Pintores y Escultores del cual sería secretario general. Después de gran actividad proselitista es nombrado presidente de la Liga Antimperialista de las Américas. Entre 1926 y 1930 trabaja como secretario general del Sindicato Minero y de la Federación Obrera de Jalisco. Su militancia le gano la cárcel en varias ocasiones y el confinamiento a Taxco en exilio interno en 1931, para luego ser expulsado de México por subversivo. En 1937 viaja a España para incorporarse al Ejército Popular Español donde comanda las Brigadas 46, 52, 82 y 88 y alcanza el grado de teniente coronel de la 29º división.

En el gran cisma que dividió al mundo comunista, Siqueiros se situó firmemente en el extremo Stalinista. Prueba de ello es que a su regreso a México en 1940, la mañana del 24 de mayo, lidera un asalto a la casa de León Trotsky en el suburbio de Coyoacán, atacando con fuego de ametralladora y explosivos. Felizmente para Trotsky, aunque no por mucho tiempo, salió ileso. Siqueiros es aprehendido y sometido a juicio.

“En la guerra arte de guerra” titula su manifiesto de 1943 para luego anunciar su gira por toda América. Recorre Perú, Ecuador, Colombia, Panamá y llega a Cuba para constituir el Comité Continental de Arte para la Victoria. En 1960viaja a Cuba y Venezuela. Publica La historia de una insidia. ¿Quiénes son los traidores a la patria? Mi respuesta. Es aprehendido el 9 de agosto acusado de disolución social y encarcelado por el Presidente Adolfo López Mateos por su apoyo a los lideres obreros ferroviarios. Sin embargo logra salir libre en 1964 bajo el argumento que todo mexicano que hubiese prestado importantes servicios a la nación podía quedar libre al cumplir la mitad de su condena.

10 años después Siqueiros muere. El hombre y su máscara se develan uno solo en su obra. Y es ahí donde ahora clavo mis ojos.

11.1.07

La rueda

Hace poco más de un mes nos reunimos en San José, Costa Rica un grupo numeroso – y bastante ruidoso- de artistas, críticos y gestores culturales. Fue gracias al Museo de arte y diseño contemporáneo de Costa Rica -y otro montón de instituciones que apoyaron- que nos juntamos a conversar y debatir sobre el arte contemporáneo regional.

La cita que duró aproximadamente una semana fue una experiencia intensa y rica. La producción artística e intelectual en Centro América parece aun encontrarse dentro de fronteras particulares que impiden el libre flujo de información e intercambio. Por ello este encuentro fue particularmente importante para conocer la actividad en cada país, y sobre todo a aquellos actores invisibles que contraponen activamente el hecho artístico a la decadencia política o al estrellato de egos.

Traigo a cuenta este relato porque al leer los apuntes en este blog sobre Oaxaca multicultural, me llamó la atención la mención de Gustavo Esteva como uno de los intelectuales más radicales de este continente. Le busqué en internet pues no le conocía, y encontré una extensa entrevista en que relata pequeños retazos de su vida para luego hilarlos con sus ideas de lo que pasa en el mundo.

Ello me trajo nuevamente las impresiones de los primeros días a mi regreso de Costa Rica. Recuerdo me encontraba inquieta, entusiasmada, con la sensación que algo esta pasando en Centro América, que habemos un grupo de artistas en la región con un ideario común. Con una gran formación intelectual, un discurso verdaderamente auténtico y genuino, y mucha actividad artística y de gestión cultural en su historial, se los menciono aquí muy brevemente. (Más adelante espero poder hacerles una entrevista extensa a cada uno.)

Recuerdo la sentida ponencia de Sila Chanto de Costa Rica, con una propuesta que llamaría yo “estética del desasosiego”. Conversé con Alicia Zamora de Nicaragua sobre su proyecto de murales urbanos “Murales de octubre” y pudimos ver las fotos en su presentación del proyecto. Escuché a Joan Durán hablar sobre su proyecto de muestras colectivas “Landings” y proponer ver más allá de las fronteras y el horizonte centroamericano, hacia el Caribe. Platicamos extenso y sabroso con José Osorio sobre el arte y los espacios públicos, y escuché su presentación sobre su proyecto “Caja lúdica” que nos dejó a todos entusiasmados con las posibilidades.

Como los ejes que dan sostén en su interior a una rueda y permiten su rotación estos artistas están generando literales revoluciones a su paso.

Publicado en el blog ICONES, 2006.

Licry Bicard o Las rayas del tigre

Marcada por los conflictos y vicisitudes de una tierra en permanente movimiento, la artista Licry Bicard ha dejado en los últimos 30 años huellas indelebles con su obra. Conversamos largo rato sobre su trayectoria artística, memorias, e impresiones sobre el arte y la vida. Además intercambiamos opiniones sobre la muestra que presentó recientemente en la Sala Nacional de Exposiciones junto con las artistas María Kahn y Negra Álvarez.



Latidos de la memoria



Nació en 1944 en “una época difícil”. La familia “que la vida te da” era de San Miguel, Santa Ana y San Vicente con raíces catalanas.



“Mi abuela materna era una mujer bien soñadora. Le gustaba escribir poesía, tocaba guitarra y cantaba las canciones que ella hacía. Yo ponía la oreja en el corazón de ella y me gustaba escucharle los suspiros.”



Su padre fue constructor de carreteras, y con su madre tuvieron cinco hijos. Recuerda su infancia en San Salvador en la Col. Layco y en el colegio de monjas en el que estudió.



“De pequeña vivíamos frente al Cuartel San Carlos, atrás habían unas fincas de café. Yo me perdía en el cafetal a cada rato, me salía de la casa y me iba, o pasaba en un rincón dibujando mis muñequitos que con una tijerita cortaba.



“En la primaria tuve especialmente cerca una monja belga que me enseñó a coleccionar estampillas, monedas, billetes, leer. ¡Y que yo di batería! Era tremenda.



Nace al mundo



Entre su graduación del colegio y su boda en 1966 hace su primer viaje a Nueva York a ver la Feria Mundial y luego a México.



“Para mí ver los cuadros de Dalí, las esculturas, las joyas, el Metropolitan, ir a Broadway, ¡todo eso me abrió un mundo! De ahí me fuí a México. ¡Hasta a la Tombolele conocí!



A su regreso al país da terapias ocupacionales en distintos hospitales. La tensión política comienza a generar “problemas en el centro” de San Salvador y ello la lleva a incorporarse a la empresa familiar, donde labora hasta que nace su primera hija Raquel.



“Si es que la vida, la vida a uno lo arrastra para todos lados.



Tres Llaves de Oro




“Empecé a dibujar una madrugada que mi marido andaba de viaje y yo tenía al bebé gritando.
Busca formación técnica y de método, sin suerte. Como ella bien dice, su mérito fue su tenacidad, que le condujo finalmente a tener experiencias valiosas sobre composición con el pintor español Carralero y sobre el dibujo de contorno con la artista japonesa Miyako Aoki.


“Los pintores de aquí bien pícaros me decían: ‘Hay 7 llavecitas de oro y no las has encontrado’. Pero eran puras burlas. Las llaves las encontré en los libros, en los viajes y con la gente talentosa. Soy de la opinión que no hay que saber demasiado.



Estudia dibujo con el escultor español Benjamín Saúl. Quien fuera para Licry el maestro que le “abre la mente”, la conduce a finales del 79 a seguir por cuenta propia.



“Mi amistad con él era grande. Me animó a leer bastante. Él rompió con algo que yo no lograba. Hay algo que me pasó al estar dibujando, que yo dije ‘veo más allá de lo que él me dice’.



Implosión de luz



“Ya mi padre había muerto, mis hijos creciendo, la guerra estaba en lo peor y era un tormento, y para más me retiro de las clases. Estaba muy asustada. Me encerré en la casa a hacer unas pinturas muy negras.



“Pasaba horas pintando. Esa vibración que yo estaba viendo al pintar era como el pulso de uno mismo. Hice cuadros metafísicos, cosas que explotaban en el aire. Me empecé a fijar en las luces y sombras y me enamore de ese mundo. Por ahí entré. Yo no tengo escuela, la escuela fue el ambiente el que me la dio.



Caminos paralelos



Viajó a Europa, al medio oriente, a Sur América, visitó museos y galerías. Recuerda la obra del venezolano Soto y del chileno Matta, así como el cinetismo de McEntyre, los abstractos de Armando Soriano, y el simbolismo de Salarrué. Conoció a través de la Galería Forma al mexicano Cuevas y a la pintora boliviana María Luisa Pacheco.



“Empecé a buscar a la gente que yo intuía era por los caminos que yo andaba. Así fue que me topé con los matéricos españoles. La Galería Laberinto de Jeanine Janowski fue una gran escuela, ahí aprendí mucho de Carlos Cañas y Julio Sequeira.



Vasto Azar



En su vida diaria se somete a “grandes disciplinas” y “rituales bien marcados” para sacar el máximo provecho del azar creativo, sobre todo en sus pinturas de formato grande.



“Mi trabajo es bien desordenado. Si voy a hacer acuarelas en este momento tengo que tener suficientes acuarelas y papel, porque no sé si va a ser grande o mediana o la voy a picar con una tijera. Me gusta mucho picar, romper hasta con las uñas. Es que el mundo del arte es vasto, es vasto.



El tigre



La obra de Licry abarca un espectro amplio. Dibuja con gestos rápidos de la mano figuras de tono lúdico. Su pintura tiene una presencia fuerte de la materia, que se condensa en paisajes, abstractos o símbolos prehispánicos. Trabaja también moldeando el espacio con escultura o instalaciones construidas con objetos de su historia personal.



“El garabato es un impulso eléctrico que es parte de tu vida. No es que seas emotivo, uno puede tener impulsos frenados. Yo a eso le llamo el tigre.



“Siempre estoy dibujando y a la vez estoy pensando. Uno se ubica en otra realidad, la propia. Si tenes ojo, mente y corazón, no necesitas que te enseñen el humor, las pasiones, el reventar de una ola en el mar, aquel sonido que oís en la noche.



“Leí por algún lado que si pones tu conciencia, que es oírte a tí mismo, antes que tu ciencia, tu ciencia prevalece. Eso es comprobadito. Los trabajos tienen trascendencia, porque hay conciencia. Con-ciencia.



Detrás del espejo



Ahora en la Sala Nacional Licry presenta su obra reciente. Muestra sus característicos “garabatos” a través de lupas y cajas de espejos, pinturas monocromáticas en las que predomina el gesto de la pincelada, y montajes de maniquíes, algunos desmembrados.



“El maniquí es parte de un período bien importante. No he encontrado todavía el cuerpo de aquella niña y la cabeza de aquel. Hace de caso que eran niños de verdad, había una conexión de recuerdos y lo tenía que hacer.



“Quería que se viera bien el drama a través de la luz fuerte y la vibración del color rojo, sin oscuridad para que se piense claramente.





“El arte para mí es un mundo de mundos. El mundo de las ideas. ¿Y por qué no pues?

Publicado en La Prensa Gráfica, 2005.

El enigma de la Rosa

Quien se arranca el corazón del pecho en la noche, quiere alcanzar la rosa.
Suya es su hoja y su espina,
a él le deposita la luz en el plato,
a él le llena los vasos de aliento,
a él le susurran las sombras del amor.
Paul Celan


Poco se conoce sobre la vida de la gran pintora salvadoreña Rosa Mena Valenzuela nacida en 1924 y fallecida hace tan solo unos meses.


Artista solitaria, soltera y sin hijos, acompañada únicamente por su hermana Milita y los aproximadamente seiscientos alumnos que pasaron fugazmente por su taller. De lo poco que se sabe de sus orígenes es que su padre fue abogado y su madre de origen francés.


El Museo de Arte de El Salvador ahora presenta una muestra importante de sus dibujos y pinturas y un bello catálogo. Nos abre sus puertas para asumir el reto de intentar desentrañar su enigmática obra.


Paseo por la historia


No hay artista que no se conmueva ante la pintura de Rosa Mena, tanto su profesor Valero Lecha como Salarrué y Claudia Lars.


Observar sus pinturas es como dar un paseo extenso por la historia del arte occidental. En su obra surgen las figuras flotantes de Chagall, el colorido y la luz de los Impresionistas, la intensidad emocional de los Expresionistas, las perspectivas simultáneas y collage del Cubismo, el aspecto irracional Surrealista, la inspiración naif de la pintura figurativa de la posguerra europea de artistas como Giacometti, el impulso gestual y vital de los Expresionistas Abstractos como DeKooning, el grafismo compulsivo de Twombly, y el neoexpresionismo del alemán Baselitz.


De lo místico


Y a pesar de todo, son pocos los que se han aventurado a descifrar su obra. Luis Salazar en su libro sobre arte salvadoreño clasifica la pintura de Rosa Mena como “expresionismo místico”.
Y es que la generalización más común fue asociarla con la pintura religiosa. En la muestra, que incluye obra desde 1961 que poco o nunca ha sido vista, podemos entender porque. Algunos títulos tienen claras referencias religiosas, como “Recuerdos de catedrales góticas”.


La pintura “Cristo y apóstoles”, fechada inicialmente en 1968 y luego 20 años después, nos indica que su preocupación por los relatos cristianos fue consistente a lo largo de su vida.


Las alegorías religiosas, en particular la del hombre santo sacrificado, parecen ser su respuesta a un presente de apariencia caótica, bombardeado constantemente por información e imágenes.


La búsqueda


Sin embargo, al recorrer la exposición nos damos cuenta de lo amplio de su búsqueda. Fernando Valero se aproxima al enigma de Rosa Mena al describir su proceso creativo “…como la búsqueda de lo permanente a través del movimiento …corrosiva, angustiosa y anárquica”.
Es esa búsqueda solitaria la que le lleva a entablar diálogos intensos con grandes obras de arte y artistas en pinturas como “Rembrandt”, “Rubén Darío” o “Las Meninas”.


Su libertad creativa la lanzó en múltiples direcciones a reflexionar sobre la muerte pero también sobre la belleza de lo cotidiano. Ejemplos son: “La guerra es un fuego oscuro”, obra en tonos sombríos sobre el dolor de las víctimas de la guerra, y al otro extremo, el cándido “Personaje con Bolero y Flores”.


En cambio en “Las Holandesas” parece hablar de lo femenino con un grupo de figuras cubiertas en un ropaje grueso, no pintado sino literalmente recortado y pegado a la superficie, y rayado semejando una red que las aprisiona.


Sala de espejos


La mayor muestra de libertad de los convencionalismos sociales y estéticos de su época la dan su amplia serie de autorretratos. De las cinco pinturas exhibidas en esa sala aparte, ninguna denota un gesto del estereotipo femenino sino más bien retratan un ser humano que se observa e interroga.


Dibujo infinito


“Ese dibujo no termina nunca” dice Toño Salazar sobre la obra de Rosa Mena. Y es que tanto lo infinito como la simultaneidad son parte de su búsqueda.


Sus imágenes aparecen o desaparecen a través del acto incesante de dibujar, y su dibujo lo conforma un denso entramado de líneas que son contorno, color y volumen al mismo tiempo. Nos muestra el dibujo como lo que es: un acto vital y liberador que conforma su propio caos primordial en un conjunto complejo de formas y significados.

Es un recorrido completo el que nos ofrece esta exposición. Cada una de las obras nos susurra el secreto al enigma de la Rosa.




Publicado en La Prensa Gráfica, 2005.

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