5.2.06

Cadáver Exquisito - Tres tiempos

“Generaciones Próximas” es la exhibición colectiva de artes visuales con la que recientemente abrió nuevamente sus puertas la Sala Nacional de Exposiciones; y que en sus primeros días ha logrado atraer cientos de visitantes.


La muestra presenta obras de 23 artistas salvadoreños, generaciones contemporáneas que dibujan el horizonte presente de la plástica nacional. Su título sugiere, entre otras cosas, una proximidad entre las propuestas. Sin embargo, al recorrer la sala se puede observar gran diversidad de formulaciones multidisciplinarias: pintura, escultura, fotografía, video, instalación; de investigaciones técnicas: formato, materia, color; y de contenidos: políticos, sociales, poéticos, personales.


De manera precipitada tres tendencias logro agrupar desde una perspectiva un tanto inusual: su relación con el tiempo. Un grupo lo conforman trabajos realizados con aplomo y desenvoltura que hablan de un presente contundente, como son los trabajos de José Rodríguez, Rodolfo Molina, Hernán Reyes y Miguel Martino. Otro grupo, de formulación más poética y sutil, habla de un tiempo mágico perenne, como por ejemplo las obras de José David Herrera y Orlando Cuadra. Un tercer grupo lo conforman a mi juicio trabajos más experimentales, de tiempos dispares o erráticos, con novedoso uso de la materia y desarrollo conceptual. Arriesgados y por ello no siempre logrados, tienen sin embargo una fuerte carga emotiva que no les deja pasar inadvertidos, como por ejemplo el video de Camila Sol, o las fotografías de Ronald Morán.


A pesar de las amenazas de censura que estuvieron apunto de desarticular la muestra y de vivir momentos en que los espacios para las artes se han reducido y concentrado lejos del centro urbano; la reapertura de la Sala, esta muestra, el interés del público y la entrada en funciones del nuevo Coordinador de Artes Visuales Romeo Galdámez - organizador de esta exposición - son buenos augurios de tiempos próximos por venir.

4.2.06

Cadáver Exquisito - Lazo azul

¿Qué sucede si combinas reminiscencias del arte barroco, psicoanálisis Freudiano y un poco de narcisismo en manos de un pintor del talento e ingenio de Luis Lazo?


De esta insólita combinación ha resultado la muestra El Pájaro Azul recientemente inaugurada en La Pinacoteca. Con apenas un año abierto al público, esta galería despunta con propuestas artísticas contemporáneas y de calidad, y en esta oportunidad presenta obra de Luis Lazo (El Salvador, 1960) y Danilo Arocha (Cuba).


Lazo se ha caracterizado por trabajar constante y sigilosamente alejado del ojo público. Seis años aproximadamente han pasado desde última vez que vimos reunido un conjunto de su obra reciente.


De sus meandros por los laberintos de corazones gigantescos de mediados de los 90’s, el pintor Lazo ha pasado a escudriñar sus dualidades y contradicciones en una serie de inolvidables e implacables autorretratos en óleo. Y en esta muestra hay varios extraordinarios ejemplos de ello.
En “Ello, Ego, Alterego” del 2002 a escala real aparece retratado el artista formando un grupo de tres (“clones” les llama Lazo) vestidos con shorts y gorra, botas de alpinista y lupa en mano cubriendo el rostro. En una especie de jardín onírico, una hiedra de tallos rojos como venas, hojas en forma de corazón, se enreda entre las piernas.


Del 2003 “Ego contra Ego” es un políptico grisaille en el que dos hombres armados se confrontan al interior de una habitación en penumbra. Uno apunta su pistola al otro y el otro, hacia nosotros.


Y una escena apocalíptica en gran escala es la obra más reciente que da el título a la exposición. Es una batalla confusa entre seres alados en el agua. Ángeles que luchan, no sabemos si para salvarse o hundirse entre ellos. Del agua sobresalen alas azules.


Una exposición que en definitiva hay que visitar.

3.2.06

Cadáver Exquisito - Frágil

Me encontraba en la terraza que antecede la sala del Centro Cultural de España cuando un amigo recién llegado me preguntó: “¿Que tal la exposición?” - y añadió fugazmente: “¿difícil?”. Esa noche se inauguraba la exposición de Cristina Gozzini (Italia, 1960) titulada Frágiles de ubicación específica.

Ocho son las piezas colocadas de manera distendida por la artista y el curador de la muestra, Luis Croquer. En una esquina, un bello móvil compuesto de numerosas formas caprichosas de vidrio que parecen pinceladas en el aire o pequeñas figuras contorsionándose. Más adelante, un minúsculo avión militar sobrevolando el gigantesco espacio que le rodea. A mi derecha sobre la pared, una especie de oruga formada por un alambre grueso en forma de resorte irregular y cubierto por una media blanquecina. En la pared opuesta, 10 tuberías de ventilación blancas cuelgan de una base y caen al piso como largas trompas de elefante. La artista, al suspender en el aire los objetos, nos introduce en un momento preciso en que el tiempo real se ha detenido, abriéndonos la puerta a un encuentro lúdico con la realidad.

Coronando la sala, un grupo de fotografías muestra detalles urbanos y de interiores. Una de ellas sobresale entre el grupo: en un cuarto a media luz una pequeña figura sentada sobre una alfombra de arabescos negros en rojo. Empacada completamente en cinta adhesiva la figura nos sonríe como un enigmático Buda.

“Autorretrato” se titula una instalación de objetos curiosos reunidos sobre una larga meza de metal. La relación entre ellos tan sutil que su razón de ser y de estar en esa “ubicación específica” se nos escapa. “Por favor, no tocar las obras de arte” dice un rótulo recordándonos la fragilidad de los objetos. Nos obliga a usar no el tacto, sino la imaginación, que sin embargo, requiere ser provocada con mayor audacia.

“¿Difícil?” Yo contestaría: más bien frágil.

2.2.06

Cadáver Exquisito - Cabeza... y botella


Una cabeza pintada en rosas al centro, ocupando casi toda la tela. Vemos su ceño fruncido, unos mechones de pelo entrecano, una oreja/orificio y su mentón cubierto de hirsutos pelos. Sin cuello, sin nariz, ni boca: se abre en su centro un gigantesco y único ojo mientras se agacha a observar detenidamente una botella.

Cabeza y Botella fue pintado en 1975 por Philip Guston (EEUU, 1913-1980), el héroe caído del Expresionismo Abstracto. Y es que Guston en los 50’s, fue uno de los exponentes de la Teoría de la Pintura Radical para la cual el color predominaba sobre todo. Fue en la cima de su excelencia plástica que Guston abandona su virtuosismo para hablar en un lenguaje crudo y simple usando la figuración.

Dice Guston del período de los 60’s: “me sentía dividido, esquizofrénico…¿Qué tipo de hombre soy yo? Sentado en casa, leyendo revistas, enfurecido por todo – y después yendo a mi estudio a ajustar un rojo en un azul…Quería sentirme completo de nuevo… ser uno solo entre lo que pensaba y lo que sentía.”

Su temprano interés por los comics, su fascinación por la obra de Max Beckmann, sus estudios de los viejos maestros, y el estar expuesto a la obra de Picasso, DeChirico y los muralistas mexicanos, desembocó finalmente en imágenes inéditas. Sacrificó la belleza y el virtuosismo por una pintura que articula su proximidad con la caricatura para hablar con mordacidad de la violencia, la política, lo grotesco y de su sentido de impotencia como pintor.

La botella, de pinceladas verdes gruesas de óleo, reposa sobre una mancha roja del color de sangre fresca. A un lado una brocha, teñida sus cerdas de rojo, y un libro abierto, sus páginas en blanco. En una esquina cuelga un foco blanco reflejando su brillo intenso sobre la frente del cíclope. Al fondo, un cielo celeste nos habla de una calma presente pero lejana.

1.2.06

Cadáver Exquisito - Iturria en Coatepeque

“¡Buen día pueblo salvadoreño!” exclama Ignacio Iturria con alegría, siempre con alegría. Oscar, Gustavo, “Jean Claude”, Blanquita, Bernabé y yo nos reímos.


Lista la tela de 1.60 x 1.60 mts. la coloca en el caballete y empieza a pintarla. A unos centímetros del borde, en la esquina de arriba, con una espátula ancha tira una franja marrón de óleo hacia abajo, otra hacia la derecha, otra vertical, y una más, abajo del todo. Un cuadrado adentro de un cuadrado, sin dudas ni vacilaciones. Aparecen las sombras negras de estas franjas. “¿Qué negro es?” le pregunto. Se sacude los hombros y me contesta, remedando un acento español y gesticulando: “¡negro es negro!”.


Entre tabaco y café comienza a untar la pintura, marrones, cremas, negros, y verde al fondo. Usa la pintura del tubo y luego mezcla el color sobre la tela. Brazo extendido, la espátula sube, baja, con firmeza, temblorosa o con ternura. Cambia de espátula a pincel una y otra vez. Desaparece Ignacio, y aparece con un tenedor de ensaladera: comienza a rayar la superficie del marrón. Aparecen estanterías en el cuadrado, ahora mueble sólido del tamaño de la tela, con pequeñas patas que lo sostienen.


Se aleja, se acerca, sentado, de pie. Añade cada vez mas detalles y figuras: una en un pedestal con sombra de lobo sonriente, dos retratos en blanco y negro de un hombre y una mujer, una botella con líquido verde: adentro flota una figura y hacia arriba sale otra con brazos extendidos y sombra de pato, un hombrecito se sienta frente a una vista del lago sobrevolado por un helicóptero, un “chucho” de juguete con cabecita de hombre en la cola, un soldadito de plomo, una tira de pastillas, una palmera con mono que trepa, una taza colgada que chorrea café.


Como siempre, es de madrugada cuando termina de trabajar, acompañado por Julio Iglesias, Iturria canta.

15.1.06

Cadáver Exquisito - Cajita de sorpesas

El Jueves 13 se abrió una deliciosa caja de sorpresas: la II Bienal de Arte Paiz convocada por la Fundación Paiz para la Educación y la Cultura fue inaugurada.


La muestra se exhibe en la Feria Internacional, que aun siendo un espacio inusitado, cumple con requisitos como neutralidad, amplitud y fácil acceso.


El jurado estuvo conformado por dos críticos de arte, el director del Museo de Arte y un artista. Ignacio Iturria fue la voz del jurado que aporto el sano y humano juicio de un artista sensible. Encantado por el país y su luz, Ignacio además nos sorprendió declarando que ha decidido quedarse “por un mes o quizás para toda la vida”.


Las obras expuestas son la sorpresa mayor. Carmen Elena Trigueros en pintura nos muestra dos rostros, uno con la mirada en blanco de un ciego, el otro con los ojos cerrados. A pesar de la cercanía ninguno mira al otro, uno porque no puede, otro porque no quiere quizá. Arriba y abajo dos bandas de encaje florido sobre el que se repite como un eco ajeno: “Te quiero”. En otra pared cercana, el mundo cósmico y minúsculo de William Argueta, en el que vuelan y caen pequeñas figuras circenses que juegan con fuego acompañadas de sus sombras.


En arte alternativo el video de Alexia Miranda, usando una herramienta contemporánea para hablar con su cuerpo en una especie de ritual ancestral. Muestra una mujer enigmática que murmura, se convulsiona y retuerce en agua y tierra.


Y en fotografía, Walter Iraheta presenta un delicado políptico que sin embargo habla del cuerpo transformado hasta la monstruosidad en una masa de piel tensa.


Además, “El Chucho” mecánico sobre ruedas de Baltasar Portillo, los “panales” de estiércol de Verónica Vides, las pinturas/empastes de Oscar Soles y Orlando Cuadra.


¡Tanto que ver y de que hablar! Una experiencia valiosa y vital para quien se deje sorprender.


San Salvador, 20 de Nov. 2003

14.1.06

Cadáver Exquisito - Carta a un amigo

Hace unos días leí el artículo que me enviaste, aquel sobre los países con los habitantes más felices del mundo. Me llamó la atención que la felicidad fuera el motivo del reportaje pues los periódicos parecen interesarse más por el escándalo y la violencia. Leer que el cuarto país con gente más feliz del mundo es El Salvador, me dejó contenta pero extrañada.

Este país sigue sumido en la pobreza y expresándose con violencia: el salario mínimo es poco más de cien dólares al mes y hay muertos desmembrados y violaciones de menores a diario. Por esta tierra han pasado huracanes, terremotos y una guerra de 12 años.

Al llegar a San Salvador me encontré con que también aquí habían publicado un artículo extenso sobre el mismo tema. El reportaje citaba a un taxista de 69 años que dice que con sólo tener buena salud lo demás le sale sobrando. “Jodido pero contento” eran sus palabras.

Me pregunto: ¿Acaso mientras menos expectativas tengas de la vida, más posibilidades tienes de ser feliz? ¿Ser feliz es igual a ser conformista? ¿Cómo concilias la felicidad con la empatía por los que sufren?

Ya sabes como me gusta “darle vuelta al tarro” como vos dirías, así que también me pregunto como ello se aplica a mi trabajo como pintora: ¿el arte debe celebrar la vida, describir el dolor o señalar el mal?

Pero ya que me hablas de felicidad te correspondo con un corto recetario de arte feliz: Muddy Water Line de Richard long, Ritmo de Otoño No. 30 de Jackson Pollock, cualquier dibujo de pared de Sol Lewitt, cualquier Klee, Matisse o Calder, ningún Francis Bacon, los estanques de Monet, las parejas de Klimt y el cachorro de flores de Jeff Koons. Ah, y la pintura Viva la Vida de Frida Kahlo, la reina del drama.

¡Disfruta mientras puedas!



San Salvador, 30 de Oct. 2003

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