23.2.06

Cadáver Exquisito - Acto de fé

“Gracias Dios mío por dejarnos llegar a octavos de final…” reza uno de los exvotos en exposición esta temporada del Museo de Arte.

“Exvotos Contemporáneos Mexicanos” es él título explicativo del conjunto de obras que circula por Latinoamérica y que ahora descansa por unos meses en nuestro país. Es un homenaje al arte del retablo popular por 41 artistas dedicados a tan noble oficio.

Los exvotos pictóricos son obras de pequeño formato, comúnmente pintadas sobre lámina que incluyen leyendas escritas al pie, y son usadas en la tradición mexicana católica para agradecer dificultades superadas.

En esta muestra, imágenes pintadas de las Chicas Poderosas, la Virgen de Guadalupe, banderas, serpientes, ángeles, corazones y todo tipo de figuras se entremezclan para dar las gracias.

Casos personales salen a relucir, como el del joven casi devorado por un cocodrilo hambriento que, “...sin tener quien le ayudara, se hizo el muertito y encomendándose al señor de las maravillas le pidió de todo corazón que si lo ayudaba ya no seria tan borracho”.

El arte tiene poderes milagrosos, no lo duden. Lo atestigua uno de los pintores, quien en su retablo agradece a la Venus de Botticelli, pues le “concedió la dicha de encontrar el amor, cuando más hundido estaba en el mar de la soledad y la desesperación...”

También se hacen peticiones profundamente sentidas, como el que pide a la Virgen de Guadalupe ”de todo corazón que ayude a los niños de la calle y a todos los pobres de este país”.

Todos tienen en común que parten de un acto de fe en el azar, los milagros, el santo niño, la virgen o el señor de las maravillas; y que agradecen aquello que para ellos - y creo que para todos nosotros también - tiene valor: la vida, el amor, la buena salud y sonriente fortuna.

22.2.06

Cadáver Exquisito - Palabra pintada

Meso-América es el área geográfica que, a pesar de su complicada problemática contemporánea, comparte la herencia de la cultura Maya. Desarrollada en toda la zona entre 900a.C. y 1530d.C., esta enigmática civilización dejo un importante - aunque no siempre evidente - legado que abarca la religión, agricultura, arquitectura y el arte.


Los Mayas elaboraron un complejo sistema de escritura pictográfica y de gráfica narrativa – con figuras esencialmente – en cerámica, relieves escultóricos y libros llamados códices.


Dichos manuscritos eran elaborados en papel de amate. Con la corteza del árbol de la higuera (Ficus) producían largas tiras de papel que doblaban a manera de biombo en porciones iguales. Las páginas se cubrían con una capa de almidón y finalmente, con una preparación blanca de carbonato de calcio.


¡Sobreviven únicamente cuatro Códices Mayas prehispánicos en todo el mundo!


Considerado como el más importante, bello y de mejor factura de los tres, es el Códice Dresde. Consiste de treinta y nueve hojas pintadas con pinceles finos y colores rojo, negro y azul en ambos lados, que extendidas miden 3.50 metros de largo. Trata básicamente de astronomía y contiene referencias al tiempo, a la agricultura, así como textos sobre medicina.


Con una extensión de 6.70 metros, el Códice Madrid es el más largo de los manuscritos mayas conocidos - así como el mejor conservado - y contiene once secciones que aluden a la cacería, la muerte y la purificación entre otros.


Sobre el Códice Grolier, aun existe un fuerte debate sobre su autenticidad.


El Códice Paris, con únicamente once hojas de 24 x 13 cms pintadas por ambos lados, describe cuestiones rituales. Una de sus caras por ejemplo, está dedicada por entero a la sucesión de los ‘katunes’ o periodos de veinte años, y el texto jeroglífico que los rodea se relaciona con ritos y profecías.


Bellas palabras pintadas... injustamente olvidadas.

21.2.06

Cadáver Exquisito - El azar

“No cabe duda de que la vida carece de sentido” leía al azar entre las paginas de los cuadernos publicados de Cioran. Lleno de subrayados y apuntes de hace cuatro años, con la etiqueta de un delicioso Cohiba haciendo de marcador de página, me encuentro con algo que había pasado por alto. Un pequeño párrafo menciona a Baltasar Gracián y su “Oráculo manual y arte de prudencia” - justo el libro que tengo a medio leer.

Jesuita español del siglo XVII, escribió trescientos aforismos sobre lo que en su época llamarían un gobierno acertado de las acciones humanas. “Las verdades que nos importan siempre vienen a medio decir” dice Gracián. Y es que en medio de esta conjunción azarosa de personas y eventos que conforman nuestras vidas, solo podemos intentar descifrar algunas verdades para encontrarle sentido al camino escogido.

Curiosamente, Cioran compara el tono del “Oráculo” con el del “Tao Te Ching” (El Libro del Camino y la Virtud). Lo que me lleva a pensar en otro texto chino que sin embargo esta basado en un pulcro sistema algebraico: el I-Ching o Libro de las Mutaciones. Tres monedas se tiran al aire. Cara o cruz tienen un valor numérico asignado, la suma de esos tres puede dar una de 4 combinaciones. Se tiran las monedas seis veces y listo. El universo deja de ser avasalladoramente infinito y se reduce a un espectro de 64 posibles respuestas.

Mi última consulta - desatada por una incertidumbre paralizante - dio como resultado la siguiente respuesta: “Si ya no queda a donde uno debiera ir, es venturoso el regreso. Si todavía hay algo entonces es venturosa la prontitud.”

Queda claro, el mundo no es solamente un confuso laberinto de preguntas y encrucijadas, sino también de respuestas. Pero cuando por caprichosa suerte la respuesta coincide en perfecta sincronía con la pregunta y nos encontramos en sublime felicidad, no queda nada más que dejarse llevar.


Publicado en La Prensa Gráfica, Noviembre 2004

19.2.06

Cadáver Exquisito - Verde color azul

Mar profundo, luz de tormenta, mezclilla ajustada sobre una pierna que camina, marcador del polvo sobre el que crecerán paredes, hierba verde de color azul, azul que se aclara y se vuelve cielo, y se vuelve viento.

"Hay una hierba en las tierras calientes que se llama xiuhquilitl” contaba Fray Bernardino de Sahagún durante los primeros años de la conquista española. Llamado también índigo, azul maya, xigmilite, índigofera tinctoria e índigofera suffructicosa, el añil es uno de los cultivos autóctonos de mayor tradición en nuestro país.
Los indígenas usaban su extracto en cerámica y textiles, pero también con propósitos medicinales. Continua Sahagún: “mojan esta hierba y exprímenle el zumo, y échandolo en unos vasos allí se seca o se cuaja, con este color se tiñe de azul oscuro y resplandeciente."

Ya en período independentista a mediados del siglo XVIII, cuentan que las primeras banderas se teñían de azul con añil. El cultivo se expandió por todo el país y exportaban el colorante a toda Europa. Posteriormente la anilina – su versión sintética – vino a suplantarle y dejó de ser rentable.

Actualmente se están haciendo grandes esfuerzos por retomar esta tradición que había sido olvidada e incentivar artesanía innovadora.

Hace tan solo unos días camino a Juayúa paramos a un lado de Chalchuapa para visitar Casablanca, un pequeño museo del añil. En medio de numerosas “estructuras” piramidales mayas se encuentra una antigua casa de hacienda. Exhiben objetos prehispánicos encontrados en el lugar así como datos sobre la historia del añil. Con manos azules nos mostraron como procesan la planta y los usos que le dan.

Pienso en las pinturas azules de Ives Klein, en los pigmentos de Anish Kapoor, y en Rubén Darío también, ¿porqué no? Pienso inevitablemente en mis óleos marca Rembrandt traídos desde Holanda. No puedo evitar sonreír ante la ironía. ¡Que viaje más largo para algo que brota de esta tierra!

18.2.06

Cadáver Exquisito - Ciudad de todos

Jueves. “Bienvenidos a la ciudad de Tegucigalpa” dice una voz metálica. Al abrir los ojos me encuentro con un paisaje arrugado en montañas y salpicado de casas. Llego invitada a exponer en el espacio de Mujeres en las Artes (MUA) “Leticia de Oyuela”.

Me recoge Bayardo Blandino, director artístico de MUA y nos dirigimos al céntrico Barrio La Plazuela donde se encuentran las instalaciones de MUA. Me muestran la Sala de Proyectos que acoge el Programa Artístico de Intercambio Regional llamado Arte+Performance, el Centro Documental de Artes Visuales y la Sala Mujeres del Arte Contemporáneo para exposiciones entre otros.

Luego de comprar materiales y tomar medidas, visitamos la exposición “Made In” del colectivo de artistas “Círculo” en el Museo de Antropología e Historia. A pesar de la lluvia, mucho público.

Viernes. Comienzo el wall-drawing en la pared de casi 5 metros de largo. Mientras, aparecen y desaparecen periodistas, estudiantes y artistas. Almuerzo con Xenia Mejía quien acaba de regresar de una residencia artística en Corea. Por la tarde llega Regina Aguilar a editar un video y me cuenta que sigue viviendo en San Juansito, creando video instalaciones y trabajando artesanías con la comunidad.

Sábado. Logro terminar el montaje de “El Libro de las 100 Manos” en lo que van llegando alumnos de los talleres de video y edición. Por la noche inauguramos.

Entre chubascos, historias de viajes insólitos, risas y conversaciones sobre la situación hondureña, la triste conclusión ha sido: hay todavía mucho por hacer, cuesta demasiado y a nadie le interesa lo suficiente. “Ciudad de nadie pero amada” escribió Juana Pavón sobre Tegucigalpa. Pero recuerdo todas las voces, rostros y manos que en ella trabajan y pienso que es más bien, ciudad de todos.

Domingo, 5:30 am. El taxi se desliza velozmente sobre cada curva rumbo a mi siguiente destino: 6 horas de bus camino a casa.


Publicado en La Prensa Gráfica Octubre 2004

17.2.06

Cadáver Exquisito - Dalai


Tengo una tortuga. Se llama Dalai. Me la regaló un amigo hace tan solo unos dias.


Es del tamaño de mi rostro cuando extiende sus patas para escapar de mi mano. Tiene pequeñas uñas afiladas llenas de tierra. Es que le gusta andar escarbando por entre los rosales.


La levanto y la acerco a mis ojos. Estira su cuello en disgusto. Parpadea y espera atenta. Forcejea nuevamente como nadando en el aire. La coloco sobre la grama y se queda quieta. Me mira de reojo desde ahí. Una flor aquí, otra allá, hormigas, el olor a tierra húmeda. Su carapacho aun caliente con el sol. Giro mi cara al cielo - celeste con nubes blancas. La tortuga aprovecha para caminar a una velocidad sorprendente. Desaparece en el verde.


Por la tarde les propongo a mis hijos que busquen a Dalai. Me preguntan como encontrarlo. “Es muy difícil”, dicen. Les animo a intentarlo por lo menos. Caminan por el jardín. El grande busca pacientemente entre los arbustos más cercanos, pero se cansa rápidamente. El pequeño cree verlo en cada piedra que encuentra y se desilusiona al ver que no esta ahí. Terminan por encontrarse un hermano al otro y juegan a perseguirse. Aparece una pelota y rápido arman partido de fútbol.


Hago un intento de encontrar la tortuga también, y le llamo por su nombre. Espero - ligeramente avergonzada que me hayan escuchado los vecinos. Vuelvo a la carga: “!Dalaai!”. Nada. Habrá que esperar. Intentar mañana otra vez.


“Viene el Dalai Lama”, me ha dicho mi cuñada esa noche en la cena. “¿Vamos a escucharlo?” Mi hijo, al oír que hacemos planes decide plantear el suyo también: “¿Y yo? ¿Puedo ir con mi tío a ver “Alien y Depredator”? Nos reímos todos.


“Es para mayores de 12”, le contesto.

16.2.06

Cadáver Exquisito - Schnabel en Madrid


Caminamos entre veredas por el madrileño Parque del Retiro hasta llegar al Palacio de Velásquez, en estos días repleto de pinturas de Julian Schnabel (EUA, 1951).

Artista polémico del Nueva York de los ochentas, Schnabel se dio a conocer con las -ahora famosas- pinturas de platos rotos. La coyuntura de la época le arrastró al centro de una discusión sobre la validez de la pintura como arte y el objeto de arte como mercancía. Frente a ese espectáculo mediático él optó por una postura marginal y siguió pintando.

Que uno de los mayores artistas vivos de este siglo de culto al multimedia sea un pintor, es llamativo cuando menos. Los que declararon muerta a la pintura, dice Schnabel, “están todos muertos”.

Su obra luce las posibilidades ilimitadas de la pintura como medio artístico: El potencial de crear algo nunca visto pintando del natural e incorporando objetos y textos encontrados al azar. La escala monumental que ocupa el artista (lienzos y lonas de hasta 5 metros de altura) rehusando someterse a los espacios en los que cuelga, y que permite registrar la gestualidad de su mano o pincel. La materialidad –color, textura y hasta volumen- de la pintura en su expresión abstracta. El carácter anecdótico de este medio que puede narrar el paso del tiempo y sus posibles desenlaces. ¡Solo el bagaje visual de toda la historia ya le permite combinaciones infinitas!

Sumando coraje a una curiosidad insaciable, Schnabel asume que cada obra es un riesgo. No busca soluciones fáciles sino el reto de mayor envergadura. No le interesa la noción de continuidad o evolución, sino explorar en diferentes direcciones sin temor a contradecirse, en completa libertad artística.

El artista lo quiere todo y al mismo tiempo, como si no hubiera nada mas allá del aquí y ahora. Se rehúsa a creer que no es posible. Prefiere morir en el intento, pintando.

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