Arte de incertidumbre Santo Domingo / Junio 12-22, 2008 / Centro Cultural de España
Curadores y Panelistas participantes: Holly Block, Directora Museo del Bronx / Elvis Fuentes, Curador Museo del Barrio NY / Sayuri Guzmán, Curadora Art-Studio / Amable López Meléndez, Curador Museo de Arte Moderno / Reynaldo Thompson López, Curador Guanajuato México / Tumelo Musaka, Curador Museo de Brooklyn / Charo Oquet, Directora/curadora Edge Zones Miami / Thimo Pimentel, Director Museo de la Cerámica Sto Domingo.
Artistas participantes: El Salvador - Mayra Barraza, Alexia Miranda, Baltasar Portillo, Amber Rose / España: Berta Jayo, Orson San Pedro, Avelino Sala / Estados Unidos: Hope Conner, Luise Johnson, Gabriel Martínez, Gustavo Naranjo, Charo Oquet, José Pérez, Brady Robinson, Kathy Rose / Puerto Rico: Teo Freytes, Wilfredo Mercado / República Dominicana: Hanoi Acosta, Eliu Almonte, Tony Capellán, Anny Concepción, Sayuri Guzmán, Polivio Díaz, Thelma Leonor, Orlando Menicucci, Citlally Miranda, Carlos Ortiz, Thimo Pimentel, José Piñón, Manolo Rodríguez Vidal, Francis Taylor.
"Al anochecer", MBarraza, Acuarela sobre papel y materiales varios, 2007.
En un lugar no muy lejano, al cabo de 100 días siguiendo la más oscura de las noches, ondea la bandera blanca de República de la Muerte.
En este espacio imaginario confluyen fragmentos de la realidad marcados por el horror y la pesadumbre. Las noticias de última hora forman una torre vigía desde donde se puede contemplar su macabro paisaje.
En República de la Muerte gobiernan tres poderes elegidos por el pueblo: la apatía, la ignorancia y la voracidad. Aquí, la justicia es una tumba vacía y la vida no tiene valor: los cuerpos humanos son tan solo fragmentos que se olvidan al anochecer.
Corazón y razón conviven separados por el filo de un arma blanca. La voz de una cabeza que rueda se multiplica. Paciente espera, bordando sus sueños:
ayer soñé mi cuerpo cubierto en sangre
Los rostros de las víctimas dibujan una extraña sonrisa interrogante: ¿Porqué?
Dicen que aquellos que viajan hasta el centro mismo de la ciudad, al repicar de las campanas logran ver aún a lo lejos el sol de cada mañana teñido de esperanza.
Y al resplandor del cielo azul, es posible ver zarpar globos blancos con pequeños mensajes de amor, paz, justicia y libertad.
Hasta el 30 de Mayo en el Centro Cultural de España en El Salvador. Si desea recibir copia del catálogo de la muestra en pdf escriba a mnstruonlspejo@yahoo.com
Mayra Barraza es una artista delicada, con tacto: ante una realidad sangrienta, desgarrada por la violencia y la impunidad, ella apela al eufemismo y nombra “República de la muerte” a un territorio que otros llamarían, quizá sin recato, “República del crimen”. La sensibilidad de la artista no puede quedar sumida en el féretro que el destino le ha asignado, sino que debe trascenderlo, primero conceptualmente, en sus pensamientos yemociones, y luego en la aplicación de sus recursos creativos para liberarse de ese entorno que la asfixia, que la desgarra. La muerte es el sinsentido diario, la estupidez heredada, la degeneración social y cultural de un país cuya historia pareciera el eterno retorno de los criminales. Pero la muerte es también el gran misterio, la otra cara de una moneda cuya dimensión y nombre nunca conoceremos. La artista debe moverse entonces en equilibrio sobre la cuerda tensa: sabe que su materia prima viene del dolor y la sangre cotidianos, de la desesperación y el llanto; pero también comprende que la muerte es la gran pregunta y que el arte es apenas una respuesta balbuceante, a veces indignada y rabiosa, del ser humano que logra percibir la dimensión de su desamparo.
“Allí la paz estaba prohibida para siempre, era tenida por el infierno. Sólo al que mataba o era muerto se le consideraba un ser humano. Todos los demás eran gusanos, pobres diablos”. Este aforismo del Premio Nóbel Elías Canetti pareciera hecho a la medida del mundo que Mayra Barraza expresa en su muestra, un mundo en que el homicidio y la fiereza son la pasión dominante de los hombres, donde el crimen se convirtió en cultura. Hubo un tiempo, décadas atrás, cuando la muerte se paseaba cubierta con la capucha de la política, proclamaba ideologías frenéticas mientras perpetraba su carnicería; luego, cambió de máscara: ahora utiliza la piel tatuada de las maras y la delincuencia. Pero a nadie engaña, mucho menos a la artista: es la misma muerte, voraz, insaciable, triturando día tras día la vitalidad de un pueblo.
El joven marero, preso, casi adolescente, al ser preguntado por el periodista sobre qué hará al ser puesto en libertad, responde, sin parpadear y con el rictus siniestro: “seguir matando”, porque ese “es el vacile de nosotros, matar”. Y otro marero, tercia: “si no matamos, nos van a matar”. Y en la mirada de ambos, el orgullo, retador, el mismo orgullo de quienes mataron a monseñor Romero y no se arrepienten, de quienes mataron a tanto civil inocente y no se arrepienten, sino que se sienten orgulloso de ello y han logrado convertirlo en “el orgullo de los verdaderos salvadoreños”. De esos viejos polvos están hechos estos lodos, como dice el refrán.
Para la artista resulta difícil mantener la ecuanimidad con material de trabajo tan saturado de emociones extremas. Los motivos vienen de siempre y se repiten: el velorio y el entierro con los llantos desgarrados, el cadáver sin identificar y completamente despedazado, los rostros estupefactos por el sempiterno terror, las autoridades impotentes o cómplices, los familiares de la diáspora exigiendo justicia y ofreciendo apoyo y solidaridad. La tentación fácil para la artista ante esos motivos sería la denuncia, la indignación que cae en el kitsch, la inutilidad del panfleto. De esto parece conciente Mayra Barraza: intuye que su virtud radica en la singularidad de su mirada, en el pulso firme para recoger esas pasiones extremas y reinventarlas con el lenguaje del arte.
Decía un viejo místico: “Para un hombre que no está atado a nada interno, Dios es miedo y violencia”. La apuesta de la artista es precisamente ésta: con la materia maleable del miedo y la violencia construir una obra perdurable.
Mayra Barraza (El Salvador, 1966) Durante 20 años dedicada a las artes, Barraza ha presentado su obra en exhibiciones internacionales en la II Bienal de Lima - Perú; Casa de América Latina en Lyon, Francia; Centro Atlántico de Arte Moderno en Gran Canarias, España; Museo del Barrio de Nueva York entre otros. Las distinciones de carrera de Barraza y su contribución al discurso intelectual y artístico la han confirmado en la comunidad artística como una reconocida artista en la escena contemporánea de arte latinoamericano. Su obra forma parte de importantes colecciones privadas y públicas de la región desde sus iniciales estudios de arte en The Corcoran School of Art. Le representa Liliana Bloch Gallery para Estados Unidos.
Mayra Barraza (El Salvador, 1966) During 20 years dedicated to the arts, Barraza has presented her work in international exhibitions at the Museum of Latin American Art in California, the II Lima Biennale in Perú, the Maison de l'Amérique Latine in Lyon, France, the Centro Atlántico de Arte Moderno in Canary Islands, Spain, the Museo del Barrio in New York, among others. The distinctions of Barraza’s career and her contribution to Latin American intelectual and artistic discourse have confirmed her in the art community as a well recognized artist of contemporary Latin American art. Her work forms part of important private and public collections in the region since her initial art studies at The Corcoran School of Art. She is represented by Liliana Bloch Gallery in the USA.